Sueño II

No había vuelto a dormir en casa de mi novia desde que tuve el Sueño I. Anoche volví, sin embargo nos intercambiamos posiciones. No me refiero sólo a la parte de la cama de matrimonio que ocupábamos, sino que además, esta vez fue ella la que tuvo el sueño. Más o menos así me lo relató:

«La zona tenía mucha vegetación y ríos. Tú y yo estábamos en algún pueblo del norte de Cáceres, creo que había más gente pero no lo recuerdo bien. Lo que sí recuerdo con claridad es que me preguntaste “¿Te vienes?” y yo dije “No, tenemos que estudiar para el examen.” Yo me quedé estudiando y tú te fuiste. Entonces soñé que subías un camino de asfalto verde. Subía hacía una montaña rocosa pero que a la vez era arenosa y yo te veía desde la casa del pueblo en la que estábamos hospedados. Cuando acabaste el camino lleno de vegetación comenzaste a subir la montaña de arena. El día estaba despejado y el pueblo era bastante tranquilo. La montaña era superalta, la montaña más alta que he visto. Parecía que estaba cerca de las nubes, cerca del cielo. De repente te perdí de vista y no estabas en la montaña, era como si hubieses subido a las nubes o al cielo. No sé, era un sueño raro pero a la vez muy bonito. Luego creo que fui a buscarte y te encontré allí.»

Todo esto me lo ha dicho mi novia sin saber nada sobre el Sueño I. Creo recordar que en mi sueño el camino era asfaltado y verde, casi como el carril bici. No sé, esto es muy extraño y ahora no sé que pensar sobre esto.

Sueño I

Hoy tuve un sueño agradable. Iba en un bus, probablemente con mi novia y alguien más. Ya cansados de la rutina de estudio pre-examenes supongo. Cuando me bajé y separé de ellos me sentí extrañamente aliviado. Tenía que llegar a un camino, desconozco dónde llevaba el camino, quizás a casa, puede que a alguna meta, puede que fuese el camino en sí la meta, no lo sé. Según me iba aproximando al camino este se elevaba, cuanto más avanzaba más alto se situaba el camino. Yo me movía con agilidad pero tuve que usar ambas manos para seguir avanzando. El camino ahora estaba en la cima de una montaña y yo ya sólo podía servirme de mis manos para subir. Las rocas tomaban un tacto arenoso cuando las agarraba, mis dedos se podían hundir en ellas sin que me cayera. Avanzaba con rapidez, era más parecido a nadar hacia arriba que a escalar. De repente vi desde abajo a alguien corriendo, me pareció que era un amigo, un mentor y yo mismo. Seguí subiendo. Finalmente llegué a la cima y pude correr por el camino, correr por los cielos.

Escribo en horas bajas.

En su momento dejé a mi actual novia, o algo parecido. Prácticamente
nos acabábamos de conocer. Aún recuerdo lo emocionada que estaba, se la veía tan contenta. Llegó radiante y comenzó a hablar muy ilusionada sobre todos los detalles de su personalidad que me iba a encantar descubrir. Pero yo no quería una novia. Era mejor hacer las cosas bien, era mejor hacerle daño entonces y que la cosa no empeorara.Eso me repetía.

Me torturo rememorándolo ahora que sé cómo realmente se sintió. También me ha contado como se sentía cuando la trataba como lo hacía. Dios, ¿a cuántas mujeres he herido evitándolas? A su vez, me ha descrito mi relación con el resto del mundo visto desde ojos diferentes a los míos. Cielos, con qué facilidad desprecio a todos y me posiciono por encima de ellos. ¿De dónde vienen estos aires de superioridad? ¿Soy un mal nacido capaz de tanta crueldad o sólo un estúpido inconsciente? ¿Cuánto daño he hecho con mi pasividad? El recuerdo de tantos años de injustificada soberbia, incomprensible pasividad e indiferencia ante en sentir ajeno cae con aplomo sobre mis hombros. La visión de tantos errores pasados oprime mi pecho.

Ojala me perdonase, pero la senté y le destrocé el corazón. Se lo hice trizas, vi como se hacía añicos y ni siquiera me di cuenta. Yo sabía que darle la patada adecuadamente a alguien era un trabajo sucio, maldito imbécil, hasta una buena obra creía estar haciendo. Ella calló y empezó a respirar de forma agitada, con fuerza. Yo me acojoné, temía que le diera un ataque de ansiedad. Nunca hubiese imaginado que le estaba dando de verdad. No había forma de que yo adivinase que quería que llamase a una ambulancia porque le dolía demasiado el pecho pero no conseguía articular palabra.

He mejorado mucho en unos pocos años. Me alegro mucho, pero de vez en cuando me sobrecoge la crudeza de mis actos en la boca de alguien. No es gran cosa, pero caminando en la dirección correcta lo reconozco, soy un vanidoso. Negarlo conllevaría mentirme a mí mismo o despreciarme.

Suceso II

Le pedí a Suceso apuntes to esquisos ya que la materia me interesaba cantidubi, así que:

Hola Slime,

te adjunto las notas que te enseñé esta mañana. Si en el futuro te apetece consultarme cualquier historia sobre esas notas, no dudes en hacerlo.

También te puede interesar este video en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=FAdxd2Iv-UA

aunque está en inglés.

Saludos,

Suceso.

Y aquí están los mega apuntes:

https://mega.co.nz/#!M9cVkQYY!3cWGYCfJJR5X8YrrlHilTBy7iBwSqNBP1c1QXG-Mbqo

Suceso I

http://es.wikipedia.org/wiki/Evento_estad%C3%ADstico

Suceso es el mote que los compañeros le han puesto al profesor de probabilidad y dado que nunca me aprendo el nombre de ningún profesor yo también acabé usando. La asignatura no es gran cosa, solo un puñado de conceptos básicos de probabilidad dados rápido y mal, pero me apasiona. Con los apuntes que daba el profesor en clase no me las apañaba así que me limité a lo que conseguía pescar en clase mientras dormitaba. Con lo que si me las apañaba era con el boletín de ejercicios, hacer los ejercicios no era ni estudiar ni trabajar. Por eso los hacía, simplemente los resolvía casi de cabeza y apuntaba los resultados. En clase era el único que daba el resultado de los problemas, una vez incluso resolví un ejercicio que Suceso no fue capaz de hacer. Suceso apuntó mi nombre, de hecho creo que es el único nombre de la clase que se aprendió, el tipo esperaba que yo sacase notaza en el examen, ¡ja! Siempre me sienta como dos patadas cuando decepciono a un profesor, pero me destroza más aún cuando me lo dicen a la cara. Para el examen conseguí unos apuntes algo mejores, pero ni los miré. Aún sin estudiar saqué un 5 pelado bastante dudoso. Hablé con Suceso, me excusé como pude y rememoré todas las ocasiones en las que algún profesor me ha dicho que lo he decepcionado, que no son pocas. Qué estúpido me siento cuando me veo en la obligación de darles excusas, ¿por qué tendría que dárselas?¿Qué les importará a ellos mi nota? No deja de ser triste no dar la talla, sobre todo cuando quería darla.

Anónimo asked:

¿Con qué frecuencia te vienen los flashbacks de alucinaciones? ¿alguna vez te han puesto en peligro? ¿desearías no haber tomado lo que te hace tenerlos o compensó la experiencia?

¿Flashbacks de alucinaciones? Dejémoslo en alucinaciones a secas. Va por temporadas, pero en general son muy infrecuentes. No, no recuerdo ninguna alucinación que me haya puesto en peligro. Si tener alguna alucinación leve cada mucho es el precio a pagar, diría que la experiencia compensó y mucho. De todas formas es que no comulgo mucho con el arrepentimiento.

Además, que no te parezca lo que he escrito aquí ejemplo de mis alucinaciones. Lo del grifo fue raro, no recuerdo si estaba atontado o que pasó. La verdad es que no me acuerdo en absoluto jajaja.

Diario I

Dado que ha ocurrido hoy supongo que escribirlo también hoy será lo correcto, no quiero olvidarlo. No es que sea importante, solo un pequeño testimonio de que mi cabeza no funciona demasiado bien. 
Paseaba, andaba, corría y saltaba por la primera planta como acosumbro a hacer inconscientemente tras largo rato sentado en mi habitación. Comencé a oír el sónido de un grifo abierto al máximo. Tras un rato escuchando el agua caer con continuada fuerza instintivamente fui a cerrarlo. Me encontré en la puerta del pequeño cuarto de baño de la planta baja, estaba mi padre dentro.
“¿Qué haces?” pregunté.
“Cortarme el pelo de las orejas” Efectivamente, lo estaba cortando con un pequeño aparatito comprado en algún bazar chino.
“¿Entonces por qué no cierras el grifo?” Pregunté mientras me acercaba a cerrarlo.
“Está cerrado, ¿estás alucinando?” Contestó mientras yo me fijaba en que aunque el grifo estaba cerrado corría el agua. Rapidamente puse la mano debajo del grifo y no había nada. Con la misma velocidad la visión del agua desapareció.
“Sí” musité.